Cuando a alguien le proponen, que escriba algo sobre sí para que los demás puedan conocerlo, le ofrece la posibilidad de acceder a la pregunta de quién soy con cierta profundidad. Será por que ya tengo una edad, que las respuestas simples no me sirven, de hecho, sí me sirven, pero necesitan un contexto, aunque después puedas destilarlo sólo, en una palabra. Me explico, cuando te preguntan quien eres, en mi caso, puedo responder desde mis relaciones, con la descripción de mis vínculos familiares,  soy hija de…, hermana de …, nieta de…, amiga de…; puedo responder describiéndome como aquella que cursó tantas y tantas formaciones, licenciada en derecho, máster en prevención, naturópata, profesora de yoga… hay tantas facetas desde las que nos podríamos definir y sólo cubrirían una parte de lo que somos.

Descubrir quienes somos y para qué, constituye el foco de mi búsqueda personal. Toda esta andadura, no tiene más sentido que descubrirme y ser “farolillo” para que otros hagan lo propio. Y podéis preguntarme, ¿en el contexto en el que nos encontramos, esto es, en lo preventivo, de qué nos sirve todo este discurso aparentemente filosófico?

Os diré cual es mi visión, que creo que no es muy distinta de la que en esencia pensamos muchos de todos nosotros.

Como prevencionistas, nuestra función, a groso modo, es planificar y actuar de manera anticipada para evitar un peligro y controlar un riesgo. Pero, ¿cuán peligroso podríamos evaluar que es estar desconectado de sí?

Ese fue el motivo que me llevó a estudiar el máster en PRL en la especialidad de ergonomía y psicosociología, tenía la convicción de que donde yo podía hacer una aportación de valor era en esa rama. Había dos pensamientos en mí que creía que si incidíamos podíamos encontrar una mejora importante, el resto lo dejaba para gentes cuya estructura mental esta ordenada para medir, cuantificar y diseñar, y que tan necesaria es. Cada uno debe ser estandarte de aquello que se le de bien, ¿no creéis?

Os hago partícipe de las implicaciones que yo percibo supone el estar desconectado de sí. Como profesora de yoga, tengo cierta deformación y observo cómo caminamos, cómo utilizamos nuestro cuerpo…de hecho cuando voy a comprar zapatos quienes me acompañan se ríen conmigo porque al ver el calzado imagino la columna de los que los llevarán y la estética queda en segundo plano.

Cuan conscientes o cuan conectados estamos a nuestro cuerpo, nos da un indicador de cuan permeables podemos ser al entorno de las personas que nos rodean y a la evolución del planeta y, por tanto, de cómo abordamos nuestra vida laboral y personal desde un punto de vista más sostenible y ecológico.  

 Si con la persona que tengo más cerca, esto es, conmigo mismo, no soy sostenible y ecológico, sabiendo que este vehículo que soy, en toda su amplitud, me ha de servir para todo mi viaje, para toda esta vida, difícilmente puedo serlo con todo aquello que me rodea, sea el entorno laboral, familiar, natural… al fin y al cabo, no podemos escindir un área de otra, ¿no es cierto?

Bien, pues, si hay que empezar por el principio, me planteé cómo llevar la conciencia corporal al cuerpo y, ese despertar de la conciencia corporal, nos llevaría con el tiempo y mucha paciencia a evitar seguramente muchos incidentes y accidentes de trabajo.

Si tengo conciencia de cómo uso mi cuerpo y no sólo lo escucho, sino que esa percepción me permite modificar mi movimiento y llevar más conciencia a él, parece lógico que haya un cambio positivo. Alguien que es consciente de sí, puede anticiparse al peligro propio y ajeno, pues ha desarrollado la capacidad de observar y, por tanto, su cambio no sólo lo beneficia a él sino que también redunda en el entorno.

Eso me llevó a iniciar una experiencia piloto mediante un taller de técnica Alexander con el colectivo de oficinas y de brigada en mi lugar de trabajo, experiencia que, en el primer caso asombró a muchos de los participantes al tomar conciencia de la ingente tensión o la cantidad de músculos que movilizamos innecesariamente cada día, constantemente. Tomar conciencia es el primer paso hacia el cambio y lo físico es muy evidente, por que  por muy adecuado que fuese el lugar de trabajo desde un punto de vista ergonómico, si el trabajador no hacía un buen uso de sí, no conseguiríamos grandes cambios…o al menos esa es mi visión.

Por otro lado, donde también podíamos incidir, a mi parecer como prevencionistas, tenía que ver con el diseño de los puestos de trabajo. En los trabajos, como en la vida, para que podamos manifestar lo que hemos venido a compartir, es necesario pasar por dos fases, la de diseño, en la que, por lo general se invierte menos tiempo del que debiéramos y, la de ejecución, que nos lleva a la búsqueda de la eficiencia y la eficacia.

Como prevencionistas podemos ayudar en ese diseño del lugar de trabajo y sus condiciones, de forma que sirva de trampolín para que cada uno de los que pasa por nuestra empresa pueda expresar a través del trabajo lo que es.

Tengo la certeza que el trabajo es una de las muchas ocasiones que nos presenta La Vida para que podamos desarrollar lo que cada uno viene a aportar a este mundo y, en la medida en que somos capaces de colaborar para que se alineen ambas cosas, generamos un factor exponencial que redunda en beneficio de los tres implicados, del trabajador, de la empresa y de la sociedad.

¿Cuál es el riesgo pues de no tener conciencia de sí y de lo que venimos a aportar al mundo? A mi parecer, el riesgo ya se ha manifestado, y la sociedad y el mundo que tenemos es el resultado de esa desconexión, y de nosotros depende volver a lo que es esencialmente importante.

 

Tundra de San Martin

Técnico de PRL, especialista en Ergonomía y Psicosociología

Socia de MIESES GLOBAL

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