Quién nos diría hace un año que en el invierno de 2020 íbamos a pasar por una epidemia bestial que haría que nuestra forma de vida cambiara tanto…

La tragedia ha traído consigo desgracia pero creo firmemente que todas las situaciones de la vida son oportunidades de mejora aunque a corto plazo y desde el punto de vista humano, económico y empresarial no alcancemos a verlo.

La prevención de riesgos laborales nace como respuesta a los problemas que han ido surgiendo desde tiempos inmemorables. Hemos aprendido que es más necesario una respuesta preventiva que reactiva para evitar o eliminar los riesgos. El principio de precaución rige en esta disciplina y se traslada de una manera holística a todos los aspectos de nuestra vida.

La tradición en el mundo laboral, hasta ahora, era el tratamiento de la prevención de riesgos laborales como disciplina a la que “soportar” pero no integrar (a pesar de la Ley adhoc). La Ley de Prevención y acervo normativo derivado de la misma no es sencillo de aplicar.

La dificultad diaria de los técnicos de prevención para ser escuchados es ampliamente conocida. Nuestro papel de asesores es siempre debatido y la responsabilidad de las medidas preventivas no siempre está suficientemente aclarada en la práctica.

Desde el comienzo del confinamiento a los servicios de prevención se nos confió un papel relevante. Los técnicos de prevención, sin tener el suficiente conocimiento del virus, hemos trabajado de manera reactiva a las indicaciones de las autoridades sanitarias. Se han puesto de manifiesto las carencias (que por otra parte ya se conocía que existían), numerando algunas: carencia de personal y de medios, falta de seguridad jurídica, etc.

En el ámbito de las administraciones públicas y del tejido empresarial de PYMES y microPYMES es aún más relevante la existencia de problemas en los servicios de prevención. En concreto la especialidad de medicina del trabajo suele estar concertada con empresas externas (servicios de prevención ajenos) y la coordinación con los servicios médicos en muchas ocasiones ha sido compleja puesto que en el concierto se restringía a la realización de reconocimientos médicos y no a la vigilancia de la salud.

El acopio de material de protección frente a SARS-CoV2 también ha sido una labor complicada. El mercado no siempre ofrecía suficiente material y en ciertos productos sin las garantías adecuadas de seguridad. Esto propició que el Estado interviniera para controlar y asegurar que el material era el oportuno. En ciertos momentos el desconcierto imperó y tampoco se tenía claro cuál eran las recomendaciones en relación con las características técnicas necesarias de dicho material.

A los técnicos de prevención se encomendó la función de evaluar los puestos de trabajo frente al virus SARS-CoV2 cuando ni siquiera los virólogos conocían el comportamiento del mismo. La definición de los puestos de trabajo con exposición al riesgo biológico no estuvo adecuadamente definida. Las evaluaciones de riesgo de la exposición de los colectivos, difícil de asumir con rigor técnico, ocasionaron que se destinara material que debía de utilizarse por el personal sanitario a otro personal con el desencadenamiento de desabastecimiento de material de protección en hospitales.

En muchos de los casos se ha tenido que realizar la evaluación de riesgos “en el papel” sin poder desplazarse al centro de trabajo por estar prohibida la movilidad (en los primeros momentos del confinamiento).

En general, el panorama ha sido desolador para muchos de los técnicos de prevención que incluso se han visto obligados a dejar sus puestos de trabajo y en ocasiones se han planteado cambiar de actividad profesional o han tenido que acogerse a una baja médica por estrés.

Sin embargo, mi experiencia en estos meses como técnico de prevención de la administración general del Estado ha sido que, a pesar de las dificultades, he trabajado con compañeros excepcionales. En los momentos difíciles se reconocen a las personas y he encontrado muchas que han dado el “Do de pecho” comprometidas con la prevención al 100% que han respondido dando soluciones.

Empecé con la reflexión de que con cada dificultad hay una oportunidad de mejora y voy a intentar resumir alguna:

  • A nivel científico:

Ha sido un hito en la historia de la humanidad la celeridad con la que estamos aprendiendo y descubriendo cómo funciona el virus y ya tenemos en el horizonte alguna vacuna. Esto es la primera vez que ocurre.

A nivel global nos hemos dado cuenta de la importancia de la ciencia aplicada con rigor. Los países deben invertir en I+D+i para lograr ser potencias económicas.

  • A nivel humano:

La solidaridad como arma para combatir la pandemia. Entre todos conseguiremos derrotar al virus si tomamos en serio las medidas de protección (distanciamiento personal, higiene y mascarillas de barrera).

  • A nivel preventivo:

La prevención es más respetada. Parece que ya nos hemos dado cuenta que hay que prevenir antes de curar…

En la actualidad, el rastreo de casos afectados por SARS-CoV2 que puedan resultar infecciosos es imprescindible para evitar la propagación del virus y para ello se está aprovechando la nueva tecnología (aplicaciones móviles). Las especialidades en las que se divide la prevención de riesgos laborales deben estar en continuo estudio y actualización de acuerdo con el conocimiento. La coordinación entre ellas (Seguridad, Higiene, Ergonomía, Psicología y Medicina del Trabajo) es clave para una adecuada prevención siendo además muy necesario hacer una revisión del sistema de gestión de la prevención de riesgos laborales en España (siglo XX) para adaptarlo a los nuevos tiempos. Ya se hablaba de la existencia de riesgos emergentes pero se ha puesto en evidencia que la organización de la prevención no responde ágilmente para evitar su exposición.

  • A nivel socioeconómico:

En el mundo sociolaboral los cambios son increíbles… Se hablaba de una incipiente cuarta revolución industrial que ya está plenamente instaurada entre nosotros. La tecnología ha resultado clave. Los empresarios y trabajadores tienen que evolucionar de la noche a la mañana y se tienen que adaptar a la realidad. La resiliencia es clave para el éxito en el mundo laboral (mercado online, teletrabajo, relaciones virtuales, etc). En la administración del Estado es clave que lidere este cambio conceptual y que se apoye a las empresas y a los autónomos en este camino.

  • A nivel sociolaboral:

La actitud de las empresas y trabajadores ante este cambio es vital. Por lo que los técnicos de prevención tenemos que cambiar también en la manera de abordar la prevención. El trabajo en equipo es aún si cabe más importante, el liderazgo de los empresarios debe ser aquel que reconozca la importancia de la figura del trabajador y apoye el trabajo dotando de los medios, equipos y ambiente adecuado para desarrollar el trabajo. Las nuevas formas de organización del trabajo y en concreto el teletrabajo obliga a que las empresas competitivas tengan en consideración la conciliación de la vida laboral y familiar del trabajador.

  • A nivel educativo:

La realidad obliga a hacer un análisis de los trabajos que se vienen desarrollando y solo persistirán los que se reconozcan como necesarios. Esto tiene un aspecto negativo puesto que hay funciones que van a desaparecer pero aparecerán otras. Solo hay que hacer el ejercicio de comparación de las carreras universitarias que se ofertan actualmente con las que había hace 10 años. La educación debe ir de la mano del mundo de la empresa para afrontar los nuevos retos.

Podría seguir relatando más y más oportunidades de mejora que incluso ahora mismo no soy capaz de vislumbrar…

En resumen, no perdamos la confianza ni el optimismo y entre todos solucionaremos este problema.

 

María Gómez – Cano

Funcionaria del Estado, especialista en Prevención de Riesgos laborales