Las personas competentes e implicadas son el corazón de las organizaciones. Requieren de un liderazgo que facilite su desarrollo profesional para poder producir la calidad integral de productos y servicios, realizados para ello en condiciones de Excelencia y de Responsabilidad Social por exigencias de competitividad. Ello será posible a través de la innovación en todos los ámbitos, con dos nutrientes esenciales, la participación y la formación continuada de todos los miembros de la organización. Los valores y la ética deben impregnar la cultura empresarial para garantizar comportamientos honestos y eficientes.